La caza no solo mata, también maltrata

 Verdad 7
Obviamente la caza no respeta el derecho más elemental de los animales, la vida. Pero, además, muchas de las modalidades de caza no respetan siquiera los principios más elementales del bien-estar animal ni con los ejemplares pertenecientes a las especies objeto de caza ni con los animales domésticos que son empleados en la práctica de distintas modalidades tales como los galgos o los perros de rehala.
Se estima que al finalizar la temporada de caza, cerca de 50.000 galgos son abandonados en España cuando sus propietarios determinan que no sirven para cazar. Tampoco es infrecuente el encontrarlos ahorcados o arrojados a pozos, como pudo registrarse en 2009 en la localidad toledana de Villatobas, en la que aparecieron más de un centenar de ejemplares ahorcados en un “colgadero oficial”. Mala suerte corren también multitud de perros de las rehalas cuando heridos en las refriegas propias de los agarres de ciervos y jabalís o simplemente cuando no han llegado a tiempo a la llamada de los rehaleros, quedan a su suerte tras las monterías para morir de hambre, de sed y de infecciones por las heridas recibidas.
Tampoco las especies objeto de caza escapan a situaciones de maltrato o de crueldad. Así ocurre con los zorros que son cazados con perros de madriguera, los jabalís cazados con lanza, la masivas tiradas a faisanes, codornices o pichones, o las
situaciones generadas en las monterías al estamparse ciervos o gamos contra los vallados cinegéticos en huidas desesperadas para ser a continuación lentamente masacrados en muertes agónicas presa de las jaurías de las rehalas.
El tiro al pichón de palomas y codornices es igualmente una modalidad cruel y masiva que tiene incluso el rechazo de gran cantidad de cazadores.
Cada año unas 450.000 aves de ambas especies mueren a consecuencia de esta práctica en los múltiples campeonatos que se celebran a lo largo y ancho de nuestro país. Muchas de ellas, tras ser lanzadas por una máquina, cual si de platos se tratara, mueren tiroteadas en el acto, aunque la peor parte se la llevan aquellas que reciben una rociada de plomo sin llegar a morir instantáneamente y no son rematadas hasta que finaliza la competición. Una vez que se procede a su recogida, se las
ejecuta con un golpe en la cabeza o directamente
a patadas.
Especialmente llamativo resulta que en la mayor
parte de las normativas cinegéticas se considere a los
perros y gatos abandonados objeto de captura por parte de cazadores mediante disparo o trampas , sin que se les aplique la ley de protección animal. Esta medida lleva a la muerte a miles de animales domésticos sin apenas control por parte
de las administraciones.
Si quieres conocer más verdades >> Verdades de la caza

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